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El joven cinco mil millones
Manoucher Shoaie
A LA LUZ DE PRINCIPIOS El escritor uruguayo Mario Benedetti refiriéndose al día 11 de julio, declarado por la ONU como el Día Mundial de la Población, cuando la población mundial en ese día de 1987 alcanzó la cifra de 5.000 millones de personas, denuncia vividamente el problema del hambre en el mundo: “En un día del año 1987 nació el niño Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, así que podía ser negro, blanco, amarillo, etc. Muchos países, en ese día, eligieron al azar un niño Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta filmarlo y grabar su primer llanto. Sin embargo, el verdadero niño Cinco Mil Millones no fue homenajeado ni filmado ni acaso tuvo energías para su primer llanto. Mucho antes de nacer ya tenía hambre”.
Me gustaría imaginar al niño cinco mil millones creciendo, sobreviviendo -no un minúsculo esqueleto una semana después de su nacimiento, como escribe Benedetti- y cumpliendo sus 21 años en 11 de julio de este año. ¿Cómo se ubicaría él o ella en el mundo?
Si ha nacido en una familia pobre o acomodada, ya debe haber sentido o comprendido que nos enfrentamos, no a un sólo Goliat, sino con varios: la corrupción, la pobreza, el hambre, la enfermedad, los desequilibrios poblacionales, la falta de equidad, los problemas ambientales y la violación de los derechos humanos, gigantes que nos desafían con su fuerza brutal.
Nuestro(a) “joven cinco mil millones”, si es varón por “Nacer hombre”, gozaría de todas las ventajas que nuestra sociedad machista le ofrece y le facilita, y si es mujer, necesitaría de mucho coraje y determinación para no frustrarse por la discriminación y la imposición de otra mitad de la población. Pero ambos jóvenes, hombre o mujer, si tomen conciencia de la situación actual del mundo, sentirían con amargura que no están solos, comparten el dolor de la humanidad, y que no pueden estar aislados o indiferentes a los problemas de la población. Thoraya Ahmed Obaid, Directora del Fondo de la ONU para la Población expresa algunos de ellos en cifras: Existen 500 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años de edad que viven con menos de dos dólares diarios; seis mil jóvenes se contagian de VIH cada día. Actualmente -este año- más de medio millón de mujeres mueren durante el embarazo y en el parto, es decir, hoy -en un solo día- más de1400 mujeres ya no están con sus familiares, de las que el 99 por ciento son de países en desarrollo como Bolivia.
Quizás él o ella y sus congéneres -los “jóvenes cinco mil millones”, quienes nacieron en 11 de julio de1987- se integrarían la generación que sufriría más que cualquier otra en la historia por ubicarse involuntariamente en un mundo lleno de problemas hechos por la falta de solidaridad, tolerancia y sabiduría de los adultos. Pero a la vez, ella sería la más afortunada por tener la oportunidad de ser “David” y siendo parte de una humanidad desesperada, levantarse a luchar contra esos monstruos y dar un digno ejemplo a la generación adulta con consideración y comprensión, y a las más jóvenes -unos tres mil millones menores a 25 años- con humildad y conocimiento.
Por supuesto él o ella no estará sólo/a en su lucha; no todo es negativo; existen acuerdos y compromisos de casi todos los Estados. Por ejemplo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales que reconoce “el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación adecuada”. También en las últimas décadas un creciente espíritu de solidaridad mundial impulsa a la sociedad civil, con la participación tanto de los jóvenes como de los adultos de cada país, a ejercer un liderazgo moral en la ejecución de acciones organizadas contra las tres crisis, según Ban Ki-moon, del cambio climático, crisis alimentaria y las emergencias de desarrollo.
La población mundial que en el tiempo de Jesucristo fue de 300 millones, por un crecimiento exponencial, alcanzó la semana pasada a más de 6. 706 millones. Si los jóvenes, inclusive los “cinco mil millones” lideren tan sólo algunas acciones basadas en la solidaridad y en el ejercicio de los acuerdos internacionales y las normativas nacionales, ¿no derrotarían muy pronto, con el impacto de un crecimiento exponencial de sus hechos benéficos a los “Goliat” de nuestro tiempo?
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