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‘La democracia más pequeña’
Manoucher Shoiae*
a la luz de principios La familia, a pesar de las transformaciones que ha sufrido durante siglos, todavía es la institución fundamental y la unidad básica de la sociedad. Es elogiable que la ONU reconociendo a ella como “la democracia más pequeña”, en 1993 ha declarado el 15 de mayo como el Día Internacional de la Familia con el objetivo de aumentar el grado de concienciación acerca de los temas relacionados con la familia, tales como “el fortalecimiento de la capacidad de la familia para atender sus propias necesidades, el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades familiares, la reducción de la violencia doméstica y el alivio de la pobreza”.
No hay duda que éstas y otras cuestiones que exigen nuevas políticas y normativas de protección y apoyo de parte de todos los gobiernos e instituciones de la sociedad civil, responden a los nuevos y antagónicos conceptos sobre la familia y sus nuevas tipologías.
Hoy conocemos de cerca no sólo la familia nuclear, “biparental” -una madre, un padre e hijos- o la extensa -la convivencia de tres o más generaciones- sino los nuevos tipos de familia con tendencia creciente como la “monoparental” que tradicionalmente estuvo a cargo de uno de los cónyuges por la muerte de padre o madre, y en la actualidad, generalmente está dirigida por una “madre soltera” -la mujer que ha tenido hijos sin estar casada- o por la “madre sola” -la divorciada, separada, viuda o soltera. (Revista DESPERTAD: 8 de octubre de 2002)
Según Norah Castro “Algo más del 90% de la población boliviana vive en familia, de éstas casi el 12% son monoparentales; es decir, núcleos donde está presente un solo progenitor con hijos a cargo. En éstas, alrededor del 83,7%, son madres las que detentan la conducción o jefatura familiar”. “Las mujeres culturalmente andinas”, sostiene Shirley Caballero, “no buscan ser madres solteras, lo cual se constituye en la gran diferencia respecto de las madres solteras por decisión, más influenciadas por la cultura europea”.
Muchos sociólogos reconocidos han estudiado la familia actual. Por ejemplo François de Singly, de la Universidad de Sorbona, opina que: “La vida de pareja es como un baile. A veces nos apetece acercarnos al ser amado, mientras que otras necesitamos distanciarnos y recuperar nuestra autonomía”. “Por esta razón la llamamos ‘familia relacional e individualista’. El grupo familiar se caracteriza ahora por cierta igualdad de tratamiento, lo cual es una novedad histórica”.
También han investigado el comportamiento y el rendimiento escolar de los niños que crecen en una familia monoparental. Lamentablemente en muchos casos, los resultados son parcializados o afectados por los propios conceptos y criterios de los investigadores al respecto de la familia, la libertad sexual, el modelo de la educación de los niños, etc. Sin embargo, hay que confesar que los daños de una familia monoparental unida serían de menor grado sobre los niños que los de una familia nuclear tradicional cuando en ésta el significado del hogar se convierte en casa-dormitorio, y el espacio de amor, comprensión y tolerancia en el campo de batalla verbal o física, o en la tensionada coexistencia pacífica.
Para que la familia llegue a ser “una fortaleza del bienestar”, como afirma Bahá’u’lláh, hay que elevar las síntomas de sus trastornos actuales, a nivel de principios. El fortalecimiento de la familia debe comenzar con la elección de la pareja y continuar toda la vida matrimonial. Esta no debe ser basada exclusivamente sobre la atracción y la relación físicas, sino fundamentada sobre los lazos de un amor espiritual con suficiente conocimiento mutuo y con sincero deseo de complementariedad. La atmósfera intelectual y espiritual de su hogar, debe ser una fuente de estímulo constante para el desarrollo de sus propias capacidades y las de sus hijos, y los ideales nobles deben inspirar a la pareja en sus proyectos de vida tanto para el bienestar de su propia familia, como el de su comunidad.
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