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La ‘Guardia’ de la República
Manoucher Shoaie
“La sociedad no nos hace ciudadanos, sino nosotros somos quienes hacemos la sociedad” me decía Doña Justa, una sabia vecina en La Guardia en una de esas conversaciones de paso en la puerta de su casa. Ella, orgullosa de la armonía y solidaridad que existe en su ciudad, enfatizaba que siempre ha enseñado el aprecio y el respeto mutuo a sus hijos, hacia otros pueblos y culturas. Su marido, mientras estuvo ocupado aquella mañana del domingo en reconstruir la vereda de su casa, me dijo: “Esta es una ordenanza municipal. La ley es la ley y hay que obedecerla”. No era la primera vez que me encontraba en La Guardia con vecinos que entre el tejido de sus palabras sencillas, descubría motivos de un hermoso diseño de la responsabilidad social y la mística del buen ciudadano.Esta experiencia me llevó a comprender mejor lo que escribe el H. Alcalde, Jorge Morales refiriéndose a los grandes logros en La Guardia y su reconocimiento como Municipio Escuela, este municipio que siendo un puesto militar en la guerra de la independencia, fue la “Guardia” de la República. En su presentación de un documento sobre La Guardia, él menciona que esta calificación “no significa la casualidad de un acierto técnico, sino una conducta colectiva como piedra angular del desarrollo y la generación de una cultura institucional”. La premisa sostenida por Abdu’l-Bahá nos da una base de reflexión con respecto a los logros positivos de un pueblo: “La unidad es necesaria para la existencia. La atracción, la armonía y la unidad son la causa de la vida, mientras que la aversión, la discordia, el odio y la separación acarrean la muerte. En el mundo de la creación material todas las cosas deben su vida presente a la unidad. La ley de atracción ha reunido ciertos elementos en la forma de esta hermosa flor, pero cuando dicha atracción se retira de su centro, la flor se descompone y, como flor, deja de existir. Lo mismo sucede con el gran cuerpo de la humanidad. Si los hechos positivos son la expresión de la vida de un pueblo, entonces lo que motiva principalmente estos éxitos debe ser la unidad, la equidad, la concordia y la concertación entre diferentes factores que permiten nacer a las grandes obras. Esto es precisamente lo que ocurre en La Guardia. Sus logros no pretenden ser la manifestación de la unidad perfecta, pero sí, su pueblo y sus autoridades han tomado conciencia de que “su bienestar, su paz y su seguridad son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida”, y han construido colectivamente, como escribe Carlos Hugo Molina, el presidente del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible, “una visión positiva de desarrollo, integración, inclusión y apuestan al futuro con los instrumentos de la democracia”. En un mundo desintegrado que espiritualmente se encuentra en una condición profundamente sombría, no es tarea fácil, como individuo o institución, resistir a los odios y prejuicios y ser de las fuerzas de la unidad e integración. En este proceso nos motivan los éxitos basados sobre los derechos y principios humanos, no importa su tamaño. Lo importante es que reflejen la unidad orgánica de las realidades internas y externas de los ciudadanos y las instituciones, tan necesaria para la construcción de una sociedad madura. Pienso que esta es la razón principal que impulsó a CEPAD a apreciar la gestión municipal de La Guardia como un Municipio Escuela, considerando “la transparencia y la eficiencia como manifestaciones culturales antes que referencias administrativas” y estimando “valores ciudadanos más que asientos contables”. ¡Felicidades! shaoiem@gmail.com |